lunes, 24 de octubre de 2011

ESPERANZA

            
   Cuando tiembles, callado, entre las flores,
estando tu jardín bien florecido,
cuando estés respirando en el olvido,
tragando el aire de sus sinsabores,
cuando pierdas el tren de los olores,
que recorre tú senda sin un ruido,
cuando pienses que el mundo está dormido,
porque nunca responde  a tus clamores.
    Es que estás despertando nuevamente,
querido corazón en tu  alegría,
llorando de emoción constantemente,
porque hallaste, por fin, un bello día,
y un amor paternal en mi corriente,
flotando de ilusión y fantasía
  
  
   Yo estaba en mi hipotermia  pasajera
durmiendo en el invierno de mi vida,
igual que el oso pardo en su guarida,
regulando mi sueño en la nevera.
  Y de pronto llegó la primavera,
como una luz de amor desconocida,
como una sensación de amanecida,
y así me desperté en la madriguera.
  Colgaba en el balcón mis ilusiones,
porque fueran volando de contento,
y llenaba de arpegios mis canciones,
y también de color mi sentimiento,
de locura de amor mis oraciones,
que viajaban silentes en  el viento.

   
   Tantos años durmiendo la esperanza,
tendida en el sofá donde se hospeda      
el  lento caminar que a mí me queda,
llorando en el rincón de mi añoranza.
   Que llegue pronto al alma, sin tardanza,
que sueñe, como ayer, en mi arboleda,
que se escuche su voz en la alameda,
y descanse feliz en mi confianza.
    Porque hoy quiero buscarla en mi mañana,
sabiendo que es de ayer su fantasía,
yo no quiero tener otra ventana,
cerrada en el jardín de mi alegría,
donde ayer aún sonaba mi fontana,
y el jazmín de mi hogar aún florecía.
  

   Los que ya no podemos, ni siquiera,
soñar con el ayer prudentemente,
los que ya no tenemos ni presente,
y el hoy se nos antoja que es quimera.
    Los que hablamos de amor por vez primera,
tendidos en un sueño permanente,
los que fuimos ayer un accidente,
solo somos hoy humo en esta hoguera.
   Que despierte la rosa de este cuento,
y el arroyo se vuelva golondrina,
que el pétalo se arrulle con el viento,
y resbale en el agua cristalina,
llevando su emoción y sentimiento,
más allá de la luz que le ilumina.

     
     Yo no quiero sembrar melancolía,
 sobre la tierra del ayer dormido,
  solo quiero tener mi bien querido
 entre los brazos de mi fantasía.
      Que despierte mi sueño en este día,
que se quede en el alma acurrucado,
que se apriete en mi pecho alborozado,
 porque está sollozando de alegría.
       Que el dulce porvenir, aún por llegar,
se lleve a la esperanza de la mano,
y vuelen por el cielo sin parar,
 descansando en un mundo más humano,
que a veces no por mucho madrugar.
 amanece en la vida más temprano.


     Que vuele por los aires su fragancia,
que brille con el sol su colorido,
que se quede la luz en su vestido
y nos llene de amor y de elegancia.
   Que abrace de verdad nuestra ignorancia,
que sonría al ayer,  tal vez perdido,
que se siente en el hoy desconocido,
pues vive nuestro amor en la distancia.
   Un abrazo de madre he de ofrecerte,
con todo mi cariño, hoy, hija mía,
que te sientas feliz en esta suerte,
que sepas que yo vivo en tú alegría,
y que estás junto a mí, para quererte,
sobre todo, mi amor, en este día.


                           O.Z.M.

lunes, 17 de octubre de 2011

SOLEDAD

  No te vayas, mi amor, por la vereda
donde nunca amanece la alegría,
donde siempre es de noche, siendo día,
donde todo es desierto y no arboleda.
   Quédate junto a mí, porque suceda
que siga igual que ayer, mi fantasía,
que te siga queriendo todavía,
que mi amor en tu vida se me queda.
   Que he aprendido, ya en esta eternidad,
que no he de estar llorando, torpemente,
al pie de esta callada realidad,
que tengo que vivir constantemente,
muy lejos de esta triste soledad,
siquiera por tenerte alegremente.


     Yo soy un solitario soñador                 
perdido en la distancia del pasado,
a cuestas con tu amor en mi costado,
tratando de encontrar un corredor,
donde pueda dormir todo mi amor
sin estar de aquel tuyo separado,
porque así, sin querer, habré encontrado,
la paz que estoy buscando en mi interior.
   Que yo no quiero soledad callada,
mascullando en mi pobre corazón,
llamando sin cesar en mi morada,
cubierta con un velo de ilusión,
yo no quiero saltar la encrucijada,
ni volver a tener otra pasión.


    Me he bebido ya el cáliz rebosante,
de todo aquel dolor que en él había,
y he tragado también, día tras día,
el llanto acumulado y palpitante.
    Yo no quiero tener a cada instante,
la sed que antaño, sin querer tenía,
no quisiera olvidarte, vida mía,
ni tampoco dejar de ser tu amante.
   Yo quisiera, mi amor, haber bebido
todo aquello que ya no puedo darte,
montañas de ilusiones sin sentido,
toneladas de amor en cualquier parte,
silencio misterioso e incomprendido,
y el dolor solitario al recordarte.

                      

  Lejos te quiero soledad ardiente,
más allá del dolor que me has dejado,
quiero ser libre y no estar a tu lado,
y volar por el cielo alegremente.
   Yo no quiero vivir constantemente,
soñando en tu regazo, recostado,
de tu mano jamás me habré curado,
porque siempre estaré convaleciente.
    Déjame despertar la fantasía,
y soñar respirando en la grandeza,
déjame que me pierda todavía,
por el bosque preñado de belleza,
donde siempre descansa la alegría,
y  jamás el dolor y  la tristeza.


   No vuelvas a llamar en mi ventana,
con los nudillos de tu ayer ardiente,
porque ya no estarás en mi presente,
que el ayer de tu vida, no es mañana.
   Deja en paz mi dolor, que tengo gana
de abrir mi corazón a esta corriente,
que fluye de mi amor constantemente,
aunque esté de su vida tan lejana.
   Déjame en este sueño incomprendido,
que mi amor va trazando día a día,
alegre y libre, pero no escondido,
ardiente como el sol del mediodía,
cantando como el pájaro en su nido,
que siempre está llamando a la alegría.


   Así me quiero ver, sin tu mirada
colgada de mi amor, como una espina,
que no será un rosal, ni golondrina
ni siquiera un jardín de madrugada.
   Porque tú, soledad, llegas callada
como una maldición, y  repentina,
me dejas el dolor en cada esquina,
y el llanto en mi pasión alborozada.
   No vuelvas a llamarme, soledad,
ni vengas de mi ayer en compañía,
déjame respirar serenidad,
volando sin cesar mi fantasía,
más allá de la triste realidad,
que abraza mi dolor con alegría.


                     O.Z.M