lunes, 14 de noviembre de 2011

VERSOS DE AMOR - I

                         Tus ojos              

  Con tus ojos de ayer, hoy me has mirado,
te he sentido despierta en la mañana,
me he quedado asomado a tu ventana,
y el viento del pasado la ha cerrado.
  He seguido soñando, enamorado,
más allá del ayer, en la cercana,
vida que alumbra mi pasión temprana,
cuando ya nuestro amor se hizo pasado.
  No me importa que el viento, sollozando,
se arrodille ante mí, día tras día,
y  me diga al oído, susurrando,
que el ayer de mi amor no volvería,
porque yo seguiré siempre soñando,
con la misma ilusión y fantasía.

                      Murmullo

 Temblando en tu pupila una alegría,
unos ojos sin luz en tu mirada,
un amor escondido entre mi almohada,
que aprisiono con fuerza cada día.
  Dónde está tu pasión, me repetía,
destilando su ayer de enamorada,
déjala junto a mí, difuminada,
como un soplo de luz y de armonía.
  Un susurro, tal vez, entrecortado,
un suspiro llorando de ilusiones,
un silencio de amor en mi costado,
una brisa lejana de ambiciones,
un murmullo en el aire, perfumado,
que huele siempre a ti y a tus canciones.

                      Tus flores

  Con flores de un jazmín, que ella tenía,
perfumaba mi casa con frecuencia,
para huir del vacío de su ausencia,
impregnando el dolor del alma mía.
  Respiré su perfume y me escondía,
estabas junto a mí y en tu presencia,
con las alas del viento de tu esencia,
volaba sin cesar y me dormía.
  Qué triste despertar de madrugada,
cuando abiertos mis ojos a la vida,
descubrí de una rápida mirada,
que en el aire no estabas suspendida,
que la flor del jazmín de mi morada,
por el suelo se hallaba desprendida.

                                                                    
                 Tu  perfume

   Poco a poco se fueron marchitando,
los pétalos de ayer tan perfumados,
regué tanto la planta, que enojados,
se fueron lentamente deshojando.
  Que el jazmín siempre llega, germinando,
a lomos de corceles, disfrazados
de hermosas primaveras, y abrazados,
a unas fechas que el tiempo va borrando.
   Pero llegan cantando y son puntuales,
anualmente se asoman al balcón,
y descubren sus pechos virginales.
   Yo no quiero un jazmín sin corazón,
ni perfumes que lleguen siempre anuales,
yo prefiero tenerte en mi ilusión.

                      Sentimiento
   
 Día a día te siento en mi confianza,
noche a noche te llamo, vida mía,
sueño a sueño te abrazo en mi porfía,
llanto a llanto te busco en mi añoranza.
    Siempre llegas. Mi amor nunca te alcanza,
siempre me abres la puerta a la ironía,
siempre escucho tu dulce melodía,
y me quedo soñando en la esperanza.
    No te puedo olvidar tan fácilmente,
ni me quiero arrancar tan honda espina,
que tengo atravesada permanente,
en este corazón que a ti se inclina.
    Déjame que te busque eternamente,
más allá del dolor que me domina.

                      Tú vuelta
  
   Yo te quiero sentir en el camino,
que existe entre el ayer y el hoy en día,
yo no quiero un mañana sin poesía,
ni tampoco un ayer tan repentino.
   Quiero ser de tu amor un peregrino,
recorriendo tu senda de armonía,
llevando mi dolor con la alegría,
buscando en mi ilusión, mejor destino.
   No me importa que llegues suspirando,
volátil como el aire, tan callada,
porque yo te estaré siempre esperando
en la noche sin luz de mi alborada,
por  decirte en voz baja, musitando,
lo que siento por ti, mi dulce amada.

                         O.Z.M.

lunes, 7 de noviembre de 2011

LA ESPERA


                 
   Y llegó la esperanza a despertar,
bostezando en la nube silenciosa,
que se esconde en la luz maravillosa
y  no cesa un momento de volar.
   Mil veces va cambiando de lugar
cual si fuera una dulce mariposa,
o  el pétalo perdido de una rosa,
que sueña con la novia en el altar.
    Junto al Cristo simpar de la Lanzada,
la esperanza se tiende dulcemente,
y suspira en la herida inmaculada,
que sangra sin cesar, ardientemente,
cual si fuera ahora mismo atravesada,
por el dardo de ayer irreverente.

     Y se bebe una vez su fantasía,
y respira en silencio su entereza,
le asombra de aquel Cristo su belleza,
y el amor que le ofrece en este día.
    Se ha mirado en sus ojos, qué alegría,
no verse reflejada su tristeza,
tan solo su virtud y fortaleza,
y  jamás un reflejo de agonía.
     La esperanza a la imagen suplicaba,
secretos de ilusión y nueva vida,
temblando de pasión, se alborotaba,
y llorando de amor, quedó dormida,
sabiendo que aquel Cristo la escuchaba,
 y daba su ambición por recibida.

     Y así llegaba a mí cierta mañana,
un jilguero cantando de alegría,
que anidaba en el árbol que tenía,
creciendo a pocos  pies de mi ventana.
     Sus trinos arrullaban mi fontana,
se bañaba en la misma cada día,
cantaba sin cesar, con armonía,
aunque fuera su voz siempre lejana.
     De un frutal bien regado y atendido
nace siempre una fruta deliciosa,
que puede ser manjar apetecido,
y una dicha simpar maravillosa.
     Del fruto de un amor correspondido,
siempre nace una estrella prodigiosa.

                         O.Z.M.