La escalera
Siempre quise subir por la escalera,
que llega al infinito de la vida,
jugando con los años, sin medida,
corriendo sin cesar, sin una espera.
Los días van pasando en mi ceguera,
vagones de este tren, en mi subida,
que arrastran la ambición, en tal medida,
que la llevan al mar de la quimera.
Pero yo, sin parar, sigo subiendo,
esta cuesta empinada de mi suerte,
escalón a escalón, estoy sintiendo,
que mi forma de andar ya no es tan fuerte,
que la vida tan solo es un remiendo,
del último peldaño, que es la muerte.
Fantasía
Y subes, respirando tu agonía,
bebiéndote los años torpemente,
jugando a ser dichoso, simplemente,
pensando que la vida es tu alegría.
No piensas que mañana es otro día,
que llega tras el hoy convaleciente,
que el futuro es tan solo un accidente,
un capricho, tal vez una ironía.
Y sueñas que la vida es otra historia,
que viniera cargada de ilusiones,
y programas con tiempo en tu memoria,
un racimo de amor y de ambiciones,
que te lleva a las puertas de la gloria,
a lomos del corcel de tus pasiones.
La compañía
Nunca se piensa que la vida humana,
del templo de este mundo se cayera,
porque a todos ayer nos pareciera,
que lo eterno jamás tiene mañana.
Siempre estaba asomado a su ventana,
mirando el porvenir, que estaba afuera,
bailando en su orgullosa primavera,
como un pez sumergido en su fontana.
Y más tarde descubres, al azar,
que la vida tan solo es un sendero
que habrás de recorrer al caminar.
Que esta dulce vereda es un velero,
que te lleva hacia el mar a naufragar,
si no tienes, amigo, un compañero.
Raciocinio
Desde aquel pedestal de fantasía,
donde estaba mi ayer alborozado,
jugando con un sueño prolongado,
a una larga distancia te veía.
Y llegaba la noche, luego el día,
y siempre me encontraba a tu costado,
dejando mi ilusión siempre a tu lado,
y el alma en tu regazo, me dormía.
Y una vez y otra vez iba pensando
que la tarde en la noche se acostaba,
y en el alba se estaba despertando.
Nunca quise saber en dónde estaba,
y al cabo de los años, meditando,
que era yo, me di cuenta, el que pasaba.
Abriendo caminos
No es igual caminar, que estar parado,
no es lo mismo soñar, que estar despierto,
no es igual navegar, que estar en puerto,
no es lo mismo remar, que estar anclado.
No se puede vivir en este estado,
teniendo a lo imposible, como cierto,
no se puede vagar por el desierto,
sin una cantimplora a nuestro lado.
La vida no es tan solo caminar,
con el rumbo perdido en la ignorancia,
que te lleva más bien a tropezar.
La vida no es tampoco nuestra infancia,
que va abriendo caminos al andar,
nuestra edad es quien fija la distancia.
La distancia
La distancia que media entre el ayer,
y el mañana que no tiene destino,
que es la ruta de todo peregrino,
que no encuentra manera de volver,
por la senda que tuvo que emprender,
trazada de antemano, en el camino
que hollara con buen pan y con buen vino,
descansando en un suave atardecer.
Porque ya no hay camino, caminante,
que puedas desandar en tu vereda,
solo existe silencio en este instante,
una noche sin luz, solo te queda,
una brisa lejana por delante,
que se oculta deprisa en tu arboleda.
O.Z.M.